Asociación de Germanistas de Andalucía

La obra pictórica de Paul Klee desborda creatividad y sensibilidad. Desde sus inicios alrededor de 1898 supo plasmar, con lápiz o pincel, la denominada Weltanschau en sus creaciones. Es, precisamente, la enorme cantidad de temáticas y estilos abordados lo que imposibilita la clasificación de este autor bajo una sola etiqueta, pues presenta rasgos abstractos, expresionistas, surrealistas. Dichos temas y estilos no se dieron, como es lógico, de forma simultánea, sino que las obras de Klee presentan una notoria y personalísima evolución que desemboca, al término de su vida, en una oscura etapa de ensoñación tenebrosa . No será hasta 1914 cuando nacerá la faceta de Paul Klee como pintor. El descubrimiento del color durante su estancia en Túnez caracterizará sus cuadros a partir de este momento. Habiendo admirado a Picasso y a Braque, quiso aplicar el cubismo al color: rectángulos, líneas geométricas, colores transparentes, movimiento, vivacidad, descomposición y abstracción será el rumbo que tome la obra del artista a partir de este momento. El artista comienza una etapa de ensoñación de colores vivos, transparentes y ardientes, fantásticos y hechizantes. La geometría juega un papel esencial, especialmente, en el uso de figuras fundamentales como el cuadrado, el círculo y el triángulo. Su composición abstracta sigue un patrón sencillo: en primer lugar, dibuja un mosaico de rectángulos de color. Utiliza la regla para su delimitación, aunque, en su resultado, no son de igual tamaño ni forma; es decir, al aplicar el color, el resultado no son cuadrados perfectos, sino que algunas líneas son irregulares. Sus pinturas adivinan libertad, fantasía, seducción y espontaneidad. ? En cuanto a la temática, Klee supo manifestar en sus obras la totalidad del universo, la Weltanschau . Motivo recurrente será la naturaleza a la que no representa de forma explícita. Ejemplo de ello es la acuarela de 1915, Der Niesen , compuesta por un triángulo central, que representa una montaña, al que se suman rectángulos de colores, simulando árboles, un gran semicírculo en el cielo –la luna– y otras formas: Más tarde, durante los años veinte, Klee trabajó junto con Kandinsky y otras figuras sobresalientes del arte vanguardista de aquella época como personal docente en la Bauhaus de Weimar, destacando con obras como Um den Fisch (1926)

Autor

Irene Pérez Torres

Comentarios

En 1934, Paul Klee es diagnosticado con esclerodermia, una enfermedad reumática que deteriora progresivamente la piel y produce dolores en las articulaciones. Para un pintor con la extrema sensibilidad de Paul Klee, este hecho truncó su vida de forma abrupta y definitiva. Físicamente, los movimientos de sus manos eran muy limitados, resultándole cada vez más difícil pintar. La enfermedad influyó en la evolución artística de Klee, aunque también la tragedia que se empezaba a vislumbrar en su patria y que también le afectó hondamente. Su temática se hace cada vez más oscura, incluyendo imágenes que aluden a otros mundos, a vidas más allá de la muerte, ensoñaciones macabras y moribundas. Encontramos cuadros como Der arme Engel (1939), cuyo título ya denota tristeza: A partir de aquí, aumentan las figuras demoníacas y el color se desvanece, dejando paso a tonalidades terrosas, grises y negras. No hay rastro ya del alegre pintor de colores y? formas vivas, abstractas, dinámicas y brillantes. Se abre ahora una etapa fría y triste, de la que no habrá retorno. Las características formales de este último período son evidentes: Klee cambia el formato pequeño de sus dibujos y cuadros por esbozos de hasta un metro y medio de ancho y de alto. En cuanto a las líneas, que con anterioridad habían sido delicadas y dejaban entrever una paciente minuciosidad en su elaboración, nos encontramos ahora con trazos gruesos, contrastados, potentes, que se asemejan a vigas. Así, comprobamos cómo la ligereza ha dejado paso a unas tonalidades que expresan sentimientos atormentados y amargos. Klee es ahora un pintor “serio”. Atrás quedaron los colores brillantes, la fantasía y la libertad que respiraban sus cuadros. La fatídica enfermedad se ha cobrado, definitivamente, la vivacidad que caracterizó la etapa más hermosa, viva y universal del artista, de la que no se volverá a vislumbrar resquicio alguno. En la vida de Paul Klee se sucedieron quizá demasiados acontecimientos traumáticos que pudieron perfectamente ser, de forma individual, causa determinante de la depresión pictórica que se aprecia a partir de los años 30. Tanto la Primera como la Segunda Guerra Mundial hicieron que Klee se sintiera burlado por el país al que tanto amaba. El artista dejó de lado su vivacidad y humor, evidenciándose este cambio hacia 1934, año en el cual se le diagnosticó la enfermedad de la piel. Quizá fue el compendio de todos los acontecimientos traumáticos vividos por el pintor lo que le llevó a su tristeza y melancolía final, pero, lo que resulta irrefutable es que, efectivamente, la esclerodermia provocó tales secuelas físicas y psicológicas a Paul Klee, que se vio sumido en una angustia existencial de la que no volvería jamás.